domingo, 4 de septiembre de 2011

Anoche soñé que estaba con Dios en la playa. Podía ver en la arena el trayecto de mi vida entera. Había dos hileras de huellas: unas me pertenecían a mí, otras pertenecían a Dios. Extrañada le pregunté: "Señor, en los momentos más horribles de mi vida solo hay unas huellas ¿por qué me dejaste sola?" Y Dios me contestó: "Nunca te dejé sola, en esos momentos, te llevaba en mis brazos."

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