lunes, 1 de julio de 2013

No te acostumbres.

“—¿Te puedo pedir una cosa?
—Sí, dime. 
—No te acostumbres a mi.
—¿Como así? 
—Que no te acostumbres a mi, ni a mi risa, ni a mi hiperactividad, a mi olor, ni a mis risas atemporales, ni a mis besos. No te acostumbres a que me cuentes tus cosas ni que te escuche con atención. No te acostumbres a cómo te miro o te dejo de mirar, ni te acostumbres ni a mi rabia ni mis celos irracionales, ni a reirte de las cosas que te digo. 
—¿Y eso a que viene?
— A nada, simplemente que algún día me cansare y me iré y echarás de menos esas cosas a las que estas ahora acostumbrada y no valoras.”

.. Fin

Se tiró de nuevo en su cama, cerró los ojos y quiso no abrirlos nunca más. Entonces, fue cuando sintió entre las cobijas una hoja de papel que estaba arrugada, la tomó, la tinta estaba algo corrida, la leyó. Sangraba. Le sangró como nunca el corazón.

“Este tiempo contigo ha sido maravilloso, eres una buena persona y eso es algo que nunca voy a olvidar. Gracias por ser quien eres y fuiste conmigo, eres un ángel y te amo.

Te amo, pero me aburrí, creo que separarnos es lo más sano para los dos en este momento, todos tenemos un límite y yo, llegué al mío. Perdón.

Eres el amor de mi vida, la persona que siempre amaré.

Adiós”.
Miraba el techo y sentía que cada vez se hacía más alto, el colchón le absorbía y sus sábanas blancas habían sido manchadas por la sangre de su pie. Le dolían las palabras que leía, cada una era una aguja que se clavaba profundo en su ser. Leía y seguía sin entender.Finalmente encontró lo que había perdido: Su ausencia. La cama vacía, el clóset sin su ropa, la mañana sin sus besos, la noche sin su pasión, los chistes sin sentido, las risas descontroladas, las caricias que se brindan los amantes, los sueños compartidos, los abrazos sin motivo. Sangraba. Le sangraba la existencia.Deseó que todo fuera un sueño, si le amaba ¿por qué se había ido? Tomó del suelo un fragmento de vidrio y acarició con él su cuello. Sangraba. Fue la última vez que sangró.

.

Quizás la vida, los momentos, los recuerdos, solo se vivan una vez. Y has de saber que esa milésima de segundo en la que estás sonriendo, no la vas a volver a aprovechar nunca. Que por lo que un día estás triste puede ser por lo que al otro seas la persona más feliz del mundo. Puede ser cierto que la gente no cambia, pero lo que si cambian es nuestra forma de verla, nuestra perspectiva del mundo y nuestros pensamientos. De lo que sí estoy seguro es que lo que puedes aprovechar hoy mañana no lo vas a tener, es ley de vida, todo pasa y todo cambia. Y eres tú quien tienes que buscarte la vida, quien tienes que sacarte las castañas del fuego, porque nadie absolutamente nadie lo hara por ti. Aunque eso sí, recuerda que a veces la piedra más grande que te puedes encontrar en el camino eres tu mismo. Así que ten las cosas claras, que no te puedan las malas lenguas, pero sobretodo se quien eres. Como dijo alguien una vez; es mejor que te odien por quien eres, a que te quieran por quien aparentas ser.

...

Lo amaba tanto, que hasta me quité los tacones para estar a su altura y aún así, no me llegó ni a los talones.